Los humedales de Bogotá, son ecosistemas de bastante
importancia para la vida en la ciudad, pensando en todas las condiciones y
beneficios biológicos, climáticos, recreativos y científicos que nos brindan.
Pero la realidad de tener más de 15 humedales reconocidos,
protegidos y otros tantos que siguen haciendo fila para su reconocimiento, o
desde el cuidado mismo de la gente. Ha sido un proceso de bastante tiempo que
no ha tenido mucha gente a su favor, se trata de ecosistemas en disputas,
afectados por las dinámicas de urbanización y por el sentido de progreso que devasta
la Sabana de Bogotá.
La realidad actual de
los humedales de Bogotá es de emergencia, así los encontremos medianamente
reforestados, veamos algunas especies de flora y fauna, aunque estén protegidos
por un encerramiento de malla eslabonada y por vigilancia privada, pues, lo que
hoy debe con más fuerza alertarnos es la fragmentación urbana.
Para entender esto debemos tener dos cosas claras:
¿Por qué son importantes los humedales?
Estos ecosistemas hacen parte de lo que se ha denominado
como Estructura Ecológica Principal de la ciudad, que se trata de la reunión y
conexión de todos los elementos que constituyen las expresiones ambientales del
territorio, estos elementos están en constante interacción e interdependencia, podríamos
nombrar los Páramos, Cerros Orientales, ríos, quebradas, parques y humedales, como
se evidencia en el siguiente mapa:
Pero estos elementos no los encontramos por la óptima
planificación de nuestros gobernantes, más bien, son sobrevivientes del
devastador proceso de urbanización sobre el territorio, es qué, antes se creía
que desecar era la mejor opción para colonizar un lugar, ver los pantanales y
charcos era sinónimo de enfermedad y desprestigio, lo que buscaban los
urbanizadores y los poseedores de tierra era drenar los suficiente, así se
fueron desecando muchos lugares y sobrevivieron estos elementos mencionados.
Pero también desde una lógica “al límite” del gobernante,
que consideró frente al ruego de algunas personas de ciencia y luchadores
sociales, conservar los ríos y los humedales, pues estos amortiguaban las
inundaciones de la ciudad, especialmente para estos nuevos barrios construidos
sobre cuerpos de agua.
Entonces, poco a poco, lo que sería un territorio conectado
por el agua, como funcionaría en nuestro cuerpo las venas y la sangre, fue desconectándose,
cada avenida, barrio, centro comercial, que se construía iba generando cortes
sobre los afluentes de agua, se fueron las grandes lagunas, los ríos
serpenteantes y aparecieron los rectos canales de cemento, y los humedales
quedaron como pequeños “cuadros” “círculos”, “rectángulos” que se fundieron en
el tejido urbano, pero con la convención del color verde en los mapas.
La fragmentación urbana.
El otro asunto que debemos entender, es la fragmentación
urbana, podemos entenderla como una forma de crecimiento de la ciudad, en la
que el territorio se especializa en muchos pedacitos, y necesariamente esos pedacitos
no están relacionados o conectados entre sí.
Esto nos puede abrir muchos caminos, pero pensemos en algo:
la ciudad, ha crecido en el mismo espacio de la naturaleza, pero no cualquier
ciudad, no la ciudad “sustentable”, sino la ciudad que depende del automóvil,
del carro particular y los centenares de buses y para eso se necesitan vías,
grandes vías.
Lo que pretendían estos planificadores de mediados del siglo
XX para Bogotá fue conectarla a partir de las grandes vías, pensando que si uno
tenía un coche o un pasaje de transporte público podría acceder a la ciudad en
tiempo record. Pero la realidad, es que la ciudad se convirtió en muchas islas
rodeadas de ríos de carros que transitan a altas velocidades y a eso le
llamaron progreso.
Como conclusión de esta primera etapa puede decirse que esta
construcción de vías, edificios de todo tipo, poco a poco y obra tras obra fueron
encerrando a los humedales de Bogotá, si analizamos el primer mapa podremos ver
como estos elementos naturales, quedaron como pequeños espacios, como bordes,
como limites, pero esto no ha pasado de forma uniforme en todo Bogotá, a
continuación analizaremos la fragmentación en el sur de Bogotá y en el norte.
La fragmentación de los humedales del sur de Bogotá D.C
Este es el mismo mapa de la Estructura Ecológica Principal
de Bogotá, pero con mayor enfoque en el sur de la ciudad, podemos ver
serpenteante en el sur al poderoso río Tunjuelo, más al norte el río Fucha atravesando
las localidades de Antonio Nariño, Puente Aranda, y pueden verse sus afluentes
más rectilíneos, sin tantas ondulaciones y curvas.
Los humedales de Tibánica, Burro, Techo y Vaca, se muestran
en un verde claro, como pequeñas manchas en el mapa, desconectadas de sus
fuentes hídricas. Puede encontrarse que, en las zonas altas de la cuenca alta
del Tunjuelo, como Usme, San Cristóbal, y Ciudad Bolívar, se encuentra aún,
bastantes quebradas afluentes del río Tunjuelo y gran concentración de bosques
en los cerros.
Se encuentran grandes avenidas, muchos barrios, construcción
tras construcción con muy poco espacio público y menos con espacios verdes, recordemos,
que aquí se concentran gran parte de los problemas ambientales y sociales de
Bogotá, (Las curtiembres de San Benito, El relleno Sanitario de Doña Juana, en
Usme y Ciudad Bolívar, La minería de gravillas, arcillas y arenas, el frigorífico
de Guadalupe; el hacinamiento, pobreza, sobrepoblación) El sur de Bogotá se
encuentra muy afectado y sus humedales también.
Esta es la zona norte de la ciudad y el contraste con el sur
es bien fuerte, veamos la diferencia de los humedales, (ese color verde claro)
tenemos a Jaboque bien al extremo izquierdo inferior de la imagen, más al norte
y muy cerca el Humedal de Córdoba y Tibabuyes, notemos como estos tres cuerpos
de agua se encuentran muy cerca de las fuentes hídricas (ríos, quebradas o
canales) Lo que se destaca, no solo por su gran tamaño, sino también por la
conexión con las fuentes hídricas, a diferencia de los humedales del sur.
Pero el elemento más relevante es la Reserva Thommas Van der
Hammen, que se encuentra remarcada con verde oscuro, y donde también se ubican
los humedales de Torca y Guaymaral y el humedal de la Conejera. Si nos fijamos
con atención esta reserva conecta los cerros orientales con el río Bogotá,
permitiendo la escorrentía natural del agua, pasando por estos humedales y convirtiéndose
en corredor para las especies de flora y fauna.
Una conclusión que podríamos arrojar a primera vista es qué
el mapa del norte, se parecería más al mapa del sur si no se contara con la
reserva TVdH, y si se piensa en la ALO (Avenida Longitudinal de Occidente) que
cruzará (de pronto sin causar “daño a los humedales”) por La Conejera, por
Tibabuyes, por Jaboque y por Capellanía la fragmentación de estos ecosistemas
terminaría por encerrarlos.
En conclusión, si pensamos en el estado actual de los
humedales de Bogotá, debemos pensar en dos ciudades. Una ciudad al sur, muy mal
construida, con múltiples problemas ambientales y sociales muy mal atendidos,
con unos humedales y ríos encerrados por la ocupación informal y por un Estado
cómplice, es decir, es una ciudad que necesita reconstruirse, que necesita
construir en altura y dejar de expandirse en Usme y Soacha, cerrar el fétido
basurero, la minería, las curtiembres, descontaminar los ríos, generar
corredores ecológicos y reconectar los humedales.
En el norte tenemos humedales en un estado de menor
fragmentación, con cierta conectividad con sus fuentes hídricas y con la
proyección de una reserva forestal, es decir una ciudad “buena” pero proyectada
a la ruptura. Porque no se trata de tener “mucho verde” cuadritos verdes cuando
veamos los mapas, se trata de continuidades, de reparar las rupturas, de
generar conexiones y no de romper el territorio.
¿Algunos dirán y las vías y las casas, no son importantes?
-Si son importantes, las casas más que las avenidas, pero
mientras escribía este artículo, salí a la calle a comprar las arepas para el
desayuno, y en la portería de un conjunto un tipo afanado en su vehículo, con
su esposa y sus hijos pequeños, casi me coloca el carro encima y al reclamarle
que tuviera cuidado me dijo: - “Si lo vi Cabrón, quiere que me baje…”. Incitándome
a tener una pelea callejera, no hice caso y seguí mi camino. Y estoy seguro que
una ciudad con más humedales, ríos y quebradas, con más trenes, tranvías,
bicicletas y metros, y por supuesto menos carros y avenidas, dejarán de
producir a seres humanos como esos, absolutamente entregados a la violencia, a
la competición y a la eliminación del otro.



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