jueves, 26 de enero de 2017

Los humedales de Bogotá, entre la fragmentación y la conectividad.

Los humedales de Bogotá, son ecosistemas de bastante importancia para la vida en la ciudad, pensando en todas las condiciones y beneficios biológicos, climáticos, recreativos y científicos que nos brindan.

Pero la realidad de tener más de 15 humedales reconocidos, protegidos y otros tantos que siguen haciendo fila para su reconocimiento, o desde el cuidado mismo de la gente. Ha sido un proceso de bastante tiempo que no ha tenido mucha gente a su favor, se trata de ecosistemas en disputas, afectados por las dinámicas de urbanización y por el sentido de progreso que devasta la Sabana de Bogotá.

 La realidad actual de los humedales de Bogotá es de emergencia, así los encontremos medianamente reforestados, veamos algunas especies de flora y fauna, aunque estén protegidos por un encerramiento de malla eslabonada y por vigilancia privada, pues, lo que hoy debe con más fuerza alertarnos es la fragmentación urbana.

Para entender esto debemos tener dos cosas claras:

¿Por qué son importantes los humedales?

Estos ecosistemas hacen parte de lo que se ha denominado como Estructura Ecológica Principal de la ciudad, que se trata de la reunión y conexión de todos los elementos que constituyen las expresiones ambientales del territorio, estos elementos están en constante interacción e interdependencia, podríamos nombrar los Páramos, Cerros Orientales, ríos, quebradas, parques y humedales, como se evidencia en el siguiente mapa:




Pero estos elementos no los encontramos por la óptima planificación de nuestros gobernantes, más bien, son sobrevivientes del devastador proceso de urbanización sobre el territorio, es qué, antes se creía que desecar era la mejor opción para colonizar un lugar, ver los pantanales y charcos era sinónimo de enfermedad y desprestigio, lo que buscaban los urbanizadores y los poseedores de tierra era drenar los suficiente, así se fueron desecando muchos lugares y sobrevivieron estos elementos mencionados.

Pero también desde una lógica “al límite” del gobernante, que consideró frente al ruego de algunas personas de ciencia y luchadores sociales, conservar los ríos y los humedales, pues estos amortiguaban las inundaciones de la ciudad, especialmente para estos nuevos barrios construidos sobre cuerpos de agua.

Entonces, poco a poco, lo que sería un territorio conectado por el agua, como funcionaría en nuestro cuerpo las venas y la sangre, fue desconectándose, cada avenida, barrio, centro comercial, que se construía iba generando cortes sobre los afluentes de agua, se fueron las grandes lagunas, los ríos serpenteantes y aparecieron los rectos canales de cemento, y los humedales quedaron como pequeños “cuadros” “círculos”, “rectángulos” que se fundieron en el tejido urbano, pero con la convención del color verde en los mapas.

La fragmentación urbana.

El otro asunto que debemos entender, es la fragmentación urbana, podemos entenderla como una forma de crecimiento de la ciudad, en la que el territorio se especializa en muchos pedacitos, y necesariamente esos pedacitos no están relacionados o conectados entre sí.

Esto nos puede abrir muchos caminos, pero pensemos en algo: la ciudad, ha crecido en el mismo espacio de la naturaleza, pero no cualquier ciudad, no la ciudad “sustentable”, sino la ciudad que depende del automóvil, del carro particular y los centenares de buses y para eso se necesitan vías, grandes vías.

Lo que pretendían estos planificadores de mediados del siglo XX para Bogotá fue conectarla a partir de las grandes vías, pensando que si uno tenía un coche o un pasaje de transporte público podría acceder a la ciudad en tiempo record. Pero la realidad, es que la ciudad se convirtió en muchas islas rodeadas de ríos de carros que transitan a altas velocidades y a eso le llamaron progreso.

Como conclusión de esta primera etapa puede decirse que esta construcción de vías, edificios de todo tipo, poco a poco y obra tras obra fueron encerrando a los humedales de Bogotá, si analizamos el primer mapa podremos ver como estos elementos naturales, quedaron como pequeños espacios, como bordes, como limites, pero esto no ha pasado de forma uniforme en todo Bogotá, a continuación analizaremos la fragmentación en el sur de Bogotá y en el norte.


La fragmentación de los humedales del sur de Bogotá D.C



Este es el mismo mapa de la Estructura Ecológica Principal de Bogotá, pero con mayor enfoque en el sur de la ciudad, podemos ver serpenteante en el sur al poderoso río Tunjuelo, más al norte el río Fucha atravesando las localidades de Antonio Nariño, Puente Aranda, y pueden verse sus afluentes más rectilíneos, sin tantas ondulaciones y curvas.

Los humedales de Tibánica, Burro, Techo y Vaca, se muestran en un verde claro, como pequeñas manchas en el mapa, desconectadas de sus fuentes hídricas. Puede encontrarse que, en las zonas altas de la cuenca alta del Tunjuelo, como Usme, San Cristóbal, y Ciudad Bolívar, se encuentra aún, bastantes quebradas afluentes del río Tunjuelo y gran concentración de bosques en los cerros.
Se encuentran grandes avenidas, muchos barrios, construcción tras construcción con muy poco espacio público y menos con espacios verdes, recordemos, que aquí se concentran gran parte de los problemas ambientales y sociales de Bogotá, (Las curtiembres de San Benito, El relleno Sanitario de Doña Juana, en Usme y Ciudad Bolívar, La minería de gravillas, arcillas y arenas, el frigorífico de Guadalupe; el hacinamiento, pobreza, sobrepoblación) El sur de Bogotá se encuentra muy afectado y sus humedales también.





Esta es la zona norte de la ciudad y el contraste con el sur es bien fuerte, veamos la diferencia de los humedales, (ese color verde claro) tenemos a Jaboque bien al extremo izquierdo inferior de la imagen, más al norte y muy cerca el Humedal de Córdoba y Tibabuyes, notemos como estos tres cuerpos de agua se encuentran muy cerca de las fuentes hídricas (ríos, quebradas o canales) Lo que se destaca, no solo por su gran tamaño, sino también por la conexión con las fuentes hídricas, a diferencia de los humedales del sur.

Pero el elemento más relevante es la Reserva Thommas Van der Hammen, que se encuentra remarcada con verde oscuro, y donde también se ubican los humedales de Torca y Guaymaral y el humedal de la Conejera. Si nos fijamos con atención esta reserva conecta los cerros orientales con el río Bogotá, permitiendo la escorrentía natural del agua, pasando por estos humedales y convirtiéndose en corredor para las especies de flora y fauna.

Una conclusión que podríamos arrojar a primera vista es qué el mapa del norte, se parecería más al mapa del sur si no se contara con la reserva TVdH, y si se piensa en la ALO (Avenida Longitudinal de Occidente) que cruzará (de pronto sin causar “daño a los humedales”) por La Conejera, por Tibabuyes, por Jaboque y por Capellanía la fragmentación de estos ecosistemas terminaría por encerrarlos.

En conclusión, si pensamos en el estado actual de los humedales de Bogotá, debemos pensar en dos ciudades. Una ciudad al sur, muy mal construida, con múltiples problemas ambientales y sociales muy mal atendidos, con unos humedales y ríos encerrados por la ocupación informal y por un Estado cómplice, es decir, es una ciudad que necesita reconstruirse, que necesita construir en altura y dejar de expandirse en Usme y Soacha, cerrar el fétido basurero, la minería, las curtiembres, descontaminar los ríos, generar corredores ecológicos y reconectar los humedales.

En el norte tenemos humedales en un estado de menor fragmentación, con cierta conectividad con sus fuentes hídricas y con la proyección de una reserva forestal, es decir una ciudad “buena” pero proyectada a la ruptura. Porque no se trata de tener “mucho verde” cuadritos verdes cuando veamos los mapas, se trata de continuidades, de reparar las rupturas, de generar conexiones y no de romper el territorio.

¿Algunos dirán y las vías y las casas, no son importantes?

-Si son importantes, las casas más que las avenidas, pero mientras escribía este artículo, salí a la calle a comprar las arepas para el desayuno, y en la portería de un conjunto un tipo afanado en su vehículo, con su esposa y sus hijos pequeños, casi me coloca el carro encima y al reclamarle que tuviera cuidado me dijo: - “Si lo vi Cabrón, quiere que me baje…”. Incitándome a tener una pelea callejera, no hice caso y seguí mi camino. Y estoy seguro que una ciudad con más humedales, ríos y quebradas, con más trenes, tranvías, bicicletas y metros, y por supuesto menos carros y avenidas, dejarán de producir a seres humanos como esos, absolutamente entregados a la violencia, a la competición y a la eliminación del otro.


 Los mapas realizados en este artículo han sido extraídos y editados de: http://mapas.bogota.gov.co/?webmap=7bef3527f53a4c21af0b10a35cbfc9e9&widgettoopen=Legend

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